Tragedia

Todos hemos sido afectados por alguna tragedia, de forma directa o indirecta, y el estrés emocional repercute sobre nuestro bienestar personal, rendimiento laboral y vida familiar.

Después de una catástrofe como la vivida es normal que aparezcan trastornos físicos (dolores al pecho, de estómago, de cabeza, falta de energía, etc.), emocionales (sentimientos de tristeza, angustia, desesperanza, irritabilidad, desmotivación, etc.) y conductuales (falta de concentración, torpeza en los movimientos, etc.) que afecten nuestra vida cotidiana.

Cómo lo viva cada adulto y cada niño, será diferente y dependerá de muchas variables como el propio temperamento, recursos personales, contexto familiar, experiencias personales y familiares, entre otros; pero lo relevante es cuidarnos a nosotros mismos y dejar espacios para elaborar las experiencias y emociones.

Esto permitirá retomar nuevas energías para continuar con los proyectos personales, familiares y laborales.

Recuerda que tus reacciones son normales e inevitables.

Es útil que expreses tus sentimientos, aún cuando te resulten extraños.

A veces es difícil hacerlo.

Busca la forma más cómoda para ti.

Cuídate especialmente; trata de alimentarte bien, descansa, haz ejercicio físico, intenta relajarte.

No abuses del alcohol, drogas y tranquilizantes, estos sólo ocultarán temporalmente tos síntomas.

Habla con otras personas acerca de lo ocurrido, coméntales lo que sentiste, te ayudará a superarlo.

Escucha lo que piensan y dicen tus compañeros de trabajo, la catástrofe también les ha afectado a ellos.

Vuelve a realizar aquellas actividades que realizabas cotidianamente, prosigue poco a poco con tus actividades habituales, y busca algunas distracciones.

A continuación se sugieren algunas ideas que ayudan y otras que no ayudan a nuestra recuperación.

NO nos ayuda                                                                                      SÍ nos ayuda

Hacer como si nada hubiera ocurrido.         Asumir que algo ha cambiado en nuestras vidas.

Restar importancia a lo que ha pasado.       Reconocer que algo serio nos ha ocurrido en nuestras vidas.

Culparnos por lo ocurrido.                                Aceptar que hay situaciones en la vida que no dependen de nosotros/as.

Pensar que lo que sentimos es porque “me estoy volviendo loco/a” o “soy un exagerado/a”.

Tratar de aceptar que lo que sentimos en ese momento es esperable ante situaciones terribles.

Aislarnos y no contarle a nadie lo que nos está pasando.

Darnos la oportunidad de contar lo que hemos vivido, en especial a alguien de confianza.

Tratar de resolver toda la situación de una sola vez.

Esforzarnos por dar un paso a la vez.

Sentir que debemos salir solos/as de la situación.

Buscar ayuda si sentimos que lo necesitamos para superar la situación.

El paso del tiempo sana todo

Superar una crisis es un proceso que requiere una condición básica: tiempo.

Tiempo para compartir con otros;
Tiempo para apoyarnos y consolarnos;
Tiempo para contar lo ocurrido;
Tiempo para buscar consejo e información;
Tiempo para reflexionar;
Tiempo para buscar la mejor manera de resolver las dificultades más urgentes.

La mayoría de las veces podemos encontrar apoyo, consuelo y consejo en las personas más cercanas y en quienes confiamos.

Sin embargo, en algunas ocasiones ese apoyo no es suficiente.

A veces necesitamos ayuda especializada para superar una crisis.

A continuación te presentamos una serie de criterios que te servirán para decidir si necesitas buscar apoyo especializado.

Léelos con detención y marca aquellos que coinciden con lo que te está pasando.

Recuerda que estos síntomas deben haber aparecido después de la situación crítica.

Sufres de temblores, palpitaciones, mareos, sudor o dolores de cabeza.

Te sientes triste, desganado, aburrido o lloras fácilmente.

Tienes problemas estomacales o de apetito, comes en exceso o dejaste de comer, bajaste o subiste de peso excesivamente.

Te has dado cuenta que tu estado de ánimo y tu comportamiento cambia bruscamente.

No duermes bien, tienes pesadillas o insomnio.

Tienes dificultades para realizar las tareas y trabajos que antes realizabas normalmente.

Sientes que estás en peligro, te sientes vulnerable y te asustas fácilmente.

Evitas a personas o lugares y sientes que te estás aislando de la gente.

Te cuesta estar tranquilo, te sientes nervioso o tenso.

Has comenzado a beber o consumir sustancias o estás bebiendo más de lo acostumbrado.

Te sientes excesivamente cansado o te cansa más que de costumbre.

SI sientes que una o más de estas reacciones alteran tu vida habitual y sientes que hace más de un mes que ello ocurre, te aconsejamos consultar con un especialista.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s