Salvación
Plan de Dios para Salvación
He aquí la pregunta más importante que hay para el hombre.
¿Dónde pasaré mi eternidad?
Dios tiene, en su palabra, la respuesta a esta pregunta. Según Dios, existen dos alternativas, una eternidad cerca de Él y una eternidad alejado de Él.
Según la Biblia, la primera es el cielo, mientras que la segunda es el infierno. Según Su palabra, el hombre viene a esta tierra a tomar una decisión, a favor, o en contra de Él.
Surge entonces la pregunta, ¿qué significa tomar una decisión a favor de Él?. Nuevamente, la Biblia tiene la respuesta a esto.
Dios espera que nosotros, orando, nos reconozcamos pecadores ante Él, que creamos que Jesús fue su hijo y murió en la Cruz por los pecados de cada uno de nosotros, y que nazcamos de nuevo, no de carne, sino de Espíritu.
¿Has cometido pecado?
Sea cual sea tu respuesta, Dios nos muestra que ante sus ojos, todos somos pecadores:
“Como está escrito: No hay justo, ni aún uno; No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.
Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” (Romanos 3:10-12)
“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23)
Como vemos, para Dios no importan las obras que uno haya hecho.
Todos hemos pecado. La consecuencia de esto es clara en la Biblia:
“y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.” (Santiago 1:15b)
“porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23a)
Dios no se refiere a una muerte física, sino a una espiritual. Esta muerte espiritual significa estar alejado de Dios.
En esta condición, al morir una persona, ya no tiene más oportunidades para tomar una decisión, y su muerte espiritual se convierte en eterna.
“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio,” (Hebreos 9:27)
Sin embargo, Dios en su infinito amor por cada uno de nosotros, creó una salvación de esta muerte eterna, y esa salvación está en Su Hijo.
“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su hijo.” (1 Juan 5:11)
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en el cree, no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:16)
“porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23)
De esta manera, Dios ofrece limpiarnos de pecado. ¿Cómo? Aceptando el regalo que El nos da, que creamos que Cristo murió por nuestros pecados:
“quien llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24)
“porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” (Mateo 26:28)
“Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5)
De esta manera, Dios nos tiene este enorme Regalo, y lo único que tenemos que hacer para aceptarlo es creer en Él:
“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.” (Juan 11:25)
De esta forma, creyendo en el Señor, pasamos de muerte a vida, porque aceptamos que El ya pagó por todos nuestros pecados.
Sin embargo, esta paga sólo se puede aceptar si uno verdaderamente se arrepiente de sus pecados, pues dice:
“Así que, arrepentios y convertios, para que sean borrados vuestros pecados..” (Hechos 3:19)
Dios nos dice que para “convertirse”, del pecado a Dios, para que sean borrados los pecados, primero debe haber un arrepentimiento sincero.
Finalmente, Dios nos pide que nazcamos de nuevo. Jesús le dijo a Nicodemo:
“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3 )
“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3:5)
“No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.” (Juan 3:7)
También dijo:
“De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.” (Lucas 18:17 )
“y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mateo 18:3)
Dios nos pide que nos hagamos como niños; más exactamente, que nazcamos de nuevo, pero no de carne, sino de espíritu.
“Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” (Juan 3:6)


